“¡Voy a ser cura!”, testimonio vocacional del H Flávio Lopes, LC

Todo empezó cuando yo era muy chiquito, pero cuando digo que “era muy chiquito”, me refiero a que realmente desde muy chiquito me vino la inquietud de ser sacerdote. Cuando a los cuatro años de edad, empezaban a preguntar a los niños qué querrían ser de grandes, yo decía con toda seguridad: “¡Voy a ser cura!”. Casi llegaba a dar risa, mis tías me decían: “Qué bonito, serás el cura de la familia”, pero mis tíos me decían que cuando creciera, seguramente cambiaría de idea.

Nací en Brasil, en la ciudad de Curitiba, soy menor de tres hijos, tengo una hermana y un hermano. Mi familia es de raíces católicas, mis papás hacían lo que podían para transmitirnos la fe, aunque no éramos, como algunos dicen: “católicos fanáticos”; o sea, nos limitábamos a ir a misa y a algunos rezos en familia. Entre todos mis parientes no hay ningún sacerdote, religioso o religiosa; pero Dios, en su infinita misericordia, puso en mi corazón la semilla de la vocación.

Como lo predecían muchos, a los diez años ya no quería ser sacerdote, aunque me daba como un poco de miedo decírselo a los demás. Yo ya tenía otros planes, quería casarme, tener hijos y mucho dinero. Sin embargo, estos no eran los planes que Dios me tenía preparados.

       WhatsApp Image 2018-06-06 at 13.30.19

Aunque no quería ser sacerdote, frecuentaba el grupo de monaguillos, me gustaba mucho, principalmente por las buenas amistades que ahí tenía. Uno de estos monaguillos estudiaba bastante lejos de donde vivíamos, pero a su escuela iba un hermano legionario que les invitaba a conocer el seminario. A mí amigo no le interesaba mucho la idea de ser sacerdote; pero el lugar estaba muy padre, por lo menos para ir los fines de semana. Fue entonces cuando él me invitó a conocer la apostólica, que es el seminario menor de la Legión, cuando todo cambió en mi corazón y en mi vida.

Cuando llegué a la apostólica, recibí una gracia especial, como una moción del Espíritu Santo, pues todo el deseo que tenía desde muy chiquito de ser sacerdote regresó como fuego en mi corazón. Me sentía en casa, sentía que aquél era mi lugar y que, si Dios me llamaba a ser sacerdote, me llamaba al sacerdocio legionario. La verdad esto es algo muy curioso, pues sé que a los niños que estaban ahí, a todos, Dios nos decía algo, a cada uno le expresaba su voluntad, en mi caso me pedía que lo siguiera.

WhatsApp Image 2018-06-06 at 13.31.22

Fueron varias las cosas que me impactaron mucho cuando conocía a la Legión. La primera, era la alegría verdadera y sana que veía en aquellos muchachos de secundaria y preparatoria, que no era como la que daba el mundo, sino la que viene de un encuentro real y personal con Cristo. La segunda, fue el modo con el cual se relacionaban con Dios, que era muy personal, pues yo antes reducía mi relación con Dios a ir a misa y rezar el rosario una vez a la semana; pero ahí me enseñaron a

tener a Jesús como un amigo vivo y real, que me acompaña y está conmigo siempre. La última cosa fue tomar en serio la vida, pues es un don de Dios y que un día se va acabar, por eso es importante preguntarse qué es lo que Dios quiere de uno y no dudar en seguir el plan de Dios.

Todo me parecía claro como el agua, que Dios me llamaba a ser sacerdote y yo le decía que sí; no contemplaba que tenía doce años de edad y que no les parecía a todos una buena idea que fuera al seminario. Cuando pedí a mis papás el permiso para irme a la apostólica, mi mamá de plan empezó a llorar, sin que entendiera el porqué, pero me dijo que me apoyaría en esta decisión que quería tomar en mi vida. Con mi papá la cosa no fue tan sencilla, pues me dijo de plano que no, pues yo era muy chico; le parecía que serían demasiados gastos y que no iría de ningún modo.

Con todo eso me sentí muy frustrado, pues sentía que Dios me pedía algo en mi corazón y, que al mismo tiempo, no lo podía realizarlo. Pero cuando Dios quiere hacer algo, aunque parece que vayamos en la dirección opuesta, Él se encarga de hacer que las cosas se arreglen para que se cumpla su voluntad. De hecho así fue, después de algunos días, mis papás se pusieron de acuerdo en dejarme ir al seminario; lo que sucedió dentro de muy poco, pues el 4 de enero de 2006 me fui a la escuela apostólica.

WhatsApp Image 2018-02-02 at 12.18.34 (1)     WhatsApp Image 2018-02-02 at 12.18.34

Uno podría preguntarse como un niño de esta edad puede tomar una decisión así, incluso yo me pregunto eso, cuando veo un muchacho de esta edad. Obviamente yo iba al seminario con la madurez de un niño de doce años, este fue un paso fundamental; pero mi sí al Señor fue madurando con el tiempo. No puedo hacer otra cosa que agradecer a Dios por llamarme, a mi familia por apoyarme y a la Legión por ofrecer los medios para que yo discerniera mi vocación a la edad que sentía el llamado.

Me acuerdo que en los primeros meses, todo parecía una maravilla, me sentía muy feliz por estar haciendo lo que Dios quería de mí; sin embargo, después de un año en el seminario fui con mi director espiritual y le dije: “Padre, creo que me voy a regresar a mi casa, pues me cuestan mucho los estudios”. A lo cual me respondió: “Que te cuesten los estudios, significa que tienes que estudiar más; no que no tienes vocación, ahora, si ves que Dios te llama por otro camino, adelante”. Considerando esta respuesta, seguí en la apostólica.

Además de los estudios, en estos momentos de la adolescencia me preguntaba si debería seguir o no, pero la verdad mi duda no era si Dios me llamaba o no, más bien era si yo le decía que sí o que no. Durante una visita a casa, estaba yo haciendo mi oración de la mañana, miré la imagen del Sagrado Corazón y me dije a mí mismo: “Yo no puedo estar jugando con Dios. Si Él me pide algo, le tengo que responder. Puedo decirle que no y vivir mi vida plenamente afuera; pero si le digo que sí, tengo que vivir al cien mi consagración a Él”. En este momento, di mi sí a Dios para vivir completamente para Él, pues sabía en mi interior que este era el camino de felicidad al cual Jesús me llamaba.

WhatsApp Image 2018-06-06 at 13.35.09

Estuve cuatro años en la apostólica, luego pasé al noviciado en São Paulo, donde recibí la sotana y, después de dos años, hice mis votos religiosos de pobreza, castidad, obediencia y humildad. Hice un año de humanidades clásicas en Salamanca, España, seguido de tres años de filosofía en Roma. Con todo este tiempo de formación, fui poco a poco madurando mi discernimiento, haciéndolo más firme y puro. Lo que me ayudó fueron muchas experiencias buenas y positivas, pero también muchas dificultades, que son a veces las que más nos ayudan a crecer y aprender a amar.

Actualmente estoy trabajando en México, mi misión es el trabajo con jóvenes, principalmente el trabajo vocacional. La verdad es muy hermoso poder ayudar a que otros chavos puedan descubrir cual el plan de Dios para ellos, orientarlos y motivarlos. Yo estoy convencido de que Dios sigue llamando, pero la mayor dificultad que tenemos hoy es tener el valor de dar una respuesta.

Acerca de el autor