Testimonio vocacional del H Gustavo Balestrin, LC

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Quiero contar mi historia vocacional desde la dinámica de la fe que se da en nuestro interior durante toda nuestra vida: la unión y el alejamiento.

Yo entré en el Centro Vocacional de Curitiba en Brasil en el en 2003 cuando tenía 13 años. El ambiente religioso y familiar en mi casa ayudaron para que la semilla de la vocación pudiera crecer en mí porque realmente no hice mucho discernimiento antes de entrar en el seminario, pero fue proporcional a mi edad…

El P. Eduardo Linares, LC pasó por mi colegio y me invitó a conocer el seminario; y antes de responderle en segundos se me vino a la cabeza la imagen de una niña de la escuela. Pensé que era solo una visita y dije que sí al padre quien después fue a mi casa para hablar con mis padres para que autorizaran. El seminario me encantó, me sentí en casa. Jugamos con los seminaristas, rezamos con ellos y volví a cada con una luz en mi corazón, con un deseo de volver. Ese fue un momento de unión.

Las siguientes semanas y meses fueron muy normales y no hubo nada especial: clases, vida familiar, jugar futbol con mis amigos, trabajar con mi padre y mi hermano… Durante la visita al seminario gané un rosario que brillaba en la oscuridad y me encantaba quedarme mirándolo por las noches. Después de un tiempo me vino a la cabeza la pregunta ¿porque no rezaba con él?… y de forma natural empecé a rezar todas las noches: me recordaba el seminario, la presencia de la Virgen… El padre no vino más a mi colegio ni visitó mi familia; y como estaba lejos de mi casa y en aquel tiempo no había celulares como los de hoy, pensé que se había olvidado de mí. Vinieron muchas dudas, pensamientos de olvidar el seminario, duda si besar o no la niña que me había mandado un papelito a través de su amiga… pero no, había que esperar, fue la conclusión en una de aquellas noches que rezaba con el rosario brillante… Fue un momento de alejamiento.

En el 2007 me fui a otro seminario como postulante antes de entrar en el noviciado y otra vez volví a pasar por la dinámica de la fe. Aquellos meses fueron de prueba: estaba tenso con el paso que daría en mi vida. Dudaba de mí mismo, de mis capacidades, tenía miedo y todo eso se reflejaba en el exterior: me quedaba nervioso en el juego y el padre me sacaba de la cancha; permanecía muy metido en mi mismo, me olvidaba de hacer mis tareas en el seminario y el padre me mandaba hacerlas en momentos de recreo para que aprendiera a ser responsable… Entró un poco el desánimo en mi corazón… Fue otro momento de alejamiento.

En las últimas semanas antes de dar mi respuesta definitiva al padre superior de nuestro grupo de postulantes, pasaron dos sucesos que cambiaran todo. El primero fue un momento de oración en la capilla: estaba rezando el vía crucis y miré la estación donde Jesús cae al suelo, cómo se alzaba y seguía adelante. Aquello me habló al corazón… Debía yo también alzarme… La siguiente estación era cuando Jesús se encontró con su Madre… Y me acordé de aquellas noches con la Virgen, rezando con el rosario brillante, pensando en el seminario y me sorprendió que allí ella se encontraba conmigo para confirmar mi camino y que iba seguir  presente en mi vida acompañándome… Salí renovado de la capilla…

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Pero el padre que había me acompañado aquellos meses no estaba seguro si yo estaba preparado para ser novicio debido a mis actitudes durante ese tiempo… Fue cuando mi antiguo padre rector, que me conocía muy bien, vino visitarnos. Sabía lo que había pasado en esos meses, me preguntó cómo estaba, por qué me había portado así y le conté todo. Él dijo para no preocuparme, que era necesario pasar por eso para madurar, que necesitaba seguir rezando, estar más atento, cuidar más de mis hermanos seminaristas y que hablaría con el padre superior. Fue otro momento de unión. Aquél año recibí la sotana legionaria e ingresé al noviciado.

Hubo y sigue habiendo muchas experiencias de esta dinámica en mi vida. Entre momentos de consuelo y desolación, de unión y alejamiento, Dios nos guía interiormente por el camino de la fe. Al inicio se enfocó más sobre la vocación, pero con el pasar del tiempo yo ya experimentaba la paz, la alegría y la plenitud interior por estar siguiendo a Dios en la vocación religiosa sacerdotal Legionaria. La dinámica siguió, sólo que acentuada en el crecimiento en Cristo, en ser un sacerdote según el Corazón de Jesús.

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En este camino interior son fundamentales la oración, el tener un director espiritual que oriente, las experiencias con los seminaristas y padres para conocer mejor el estilo de vida sacerdotal, religiosa, Legionaria y ver se me identifico o no con todo ello. Es necesario tener la paciencia para no tomar decisiones en los momentos de alejamiento, porque no se consigue ver bien lo que es cierto, los sentimientos son contrarios y se tiende a actuar por impulso desde un corazón que está intranquilo… El alejamiento de Dios, los sentimientos no conformes a nuestras expectativas y las adversidades nos ayudan a madurar. Después de la tempestad viene la calma y Dios se revela, nos une a sí y la persona es capaz de escuchar con un corazón tranquilo la voz de Dios en su interior. La dinámica de la fe, unión y alejamiento, nos acompañará durante toda la vida, independiente de la vocación que se escoja y descubra. Decir un “sí” a Dios siempre implica un creer, un dar voluntariamente un paso en la oscuridad, confiando en la voz de Dios que nos llama y no en nuestras propias fuerzas y capacidades.

Actualmente me encuentro en Roma estudiando la Licenciatura en Filosofía. Todavía me faltan cuatro años para mi ordenación sacerdotal. Pido sus oraciones para que pueda ser un santo sacerdote de Jesús en el Regnum Christi y así dar gloria al Padre y extender su Reino.

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