¿Quieres uno de estos? Testimonio del H Pedro Leal, LC

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Dios tiene un modo especial de hablar con cada persona. Si mi testimonio puede ayudarte en algo, creo que es para decirte: lánzate a hacer el bien a los demás, vive cada misa con fervor y escucha tú corazón.

Me llamo Pedro Leal, soy brasileño y tengo 33 años. Hice mi primera comunión a los 21 por un “despiste”. Me invitaron a las misiones de Semana Santa en 2005 y yo ni siquiera sabía se creía en Dios. Lo más cercano que había estado de Él fueron algunas oraciones y misas que me llevaba mi abuelita, hasta mis 11 años. De todos modos mi amigo apenas me dijo que las misiones serían “una semana ayudando a la gente más pobre que vivía en el campo”. Ya llevaba dos años de voluntario en el Soñar Despierto, una ONG que trabaja con niños de familias de bajos recursos y niños en tratamiento contra el cáncer, y me encantó la idea. Lo que me encontré en el pueblo de misiones no fue diferente de lo que me contaron, pues había mucha necesidad; pero el mensaje de los misioneros era otro y la fe fuerte y sencilla de la gente me fue cambiando.

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Llegado el viernes Santo, decidí meterme en la fila de la comunión. Recibí la Eucaristía de la que tanto hablaban. Terminada la misa, se me acerca un compañero de visiteo y pregunta:

- Oye, Pedro, tú no has hecho la primera comunión, ¿verdad?

- No. Le contesto. Creo que hice mal en meterme en la cola, perdóname.

- No te preocupes, me dice. Normalmente las personas se confiesan primero y comulgan después. Tú sólo cambiaste el orden. ¿Quieres confesarte?

- Quiero. Unas horas después, en los escalones del colegio donde dormíamos, me confesé por primera vez.

 8 amigos

En un lunes de abril de 2007, después de un encuentro con mis amigos para reflexionar sobre el Evangelio, busqué al padre legionario que nos acompaña para darle una noticia importante. Había tomado la decisión de dejar algunas materias de la carrera. Ya no me daba tiempo de hacerlas todas bien y seguir llevando los apostolados. Me tardaría un semestre más para graduarme, pero estaba dispuesto.

Él me mira y me lanza el golpe: “¿Tú quieres uno de estos?” Apuntando a su clergyman (la vestidura que llevan los sacerdotes). Le hago con la cabeza que “sí”, sin saber bien qué era lo que estaba queriendo. Pasaron unos días y sucedió que otro sacerdote decidió poner a todos los jóvenes de mi equipo del Regnum christi un video llamado “Fishers of Man”, Pescadores de hombres. Es un video vocacional que sacó en 2006 la diócesis de Nueva York. En un momento, mientras varios sacerdotes hablan de qué significa ser lo que son, uno de ellos dice: “Ser sacerdote es dar la vida para que tengan vida…” Y eso bastó para hacerme comprender todo. ¿Quieres uno de estos, Pedro? ¿Quieres darme tu vida para que muchos tengan vida?

Unos años antes, mi mamá decidió preguntarme si creía en Dios. Y le dije que me parecía una tontería creer. Salí medio molesto de la conversación y me encerré en mi cuarto. Cuando regresé a la sala, la encontré llorando.

- ¿Qué te pasa, mamá? No puedo creer que llores por lo que te dije.

- No, no por ello. Lloro porque no sé cómo alguien puede vivir sin Dios como tú.

Su respuesta me desarmó totalmente. Meses después fue la vez de mi novia, que había perdido su papá hacia poco más de un año. Estábamos de viaje con unos amigos y, sin aviso, empieza a llorar.

- ¿Qué te pasa? Ante su silencio, insisto: ¿Qué puedo hacer para ayudarte?

- Pedro, no puedes ayudarme, porque no crees en nada.

seccion Rio

Ya era la segunda que el Señor me mandaba a la lona. La tercera vino en seguida. Yo estaba muy metido con un proyecto dentro del Soñar Despierto para niños con cáncer. Algunos no resistían a la enfermedad o a la propia quimioterapia. Sucedió que uno de los chavitos más queridos por los voluntarios, falleció a sus 11 años de edad. Todos fuimos a su velorio. Cuando llegué, ya estaba toda la familia y decía la mamá: “Gracias, Señor, por estos años que nos has dado con mi hijo. Fue un niño muy especial y te lo agradezco”. Mi reacción: lágrimas como la Magdalena. Se mezclaron en mí un gran sentimiento de injusticia y de consuelo.

“Ser sacerdote es dar la vida para que tengan vida”. En esta frase todo cobro sentido. Él me pedía que le diera mi vida para que muchos lo conocieran. En noviembre de 2009, terminé la carrera de ingeniería naval, para pronto ir al noviciado construir otras barcas. Ya han pasado 8 años como legionario de Cristo y en unos días renovaré mis votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia. Otros tres años más y ya podré profesar de forma perpetua. Si Dios así lo quiere, en la Pascua de 2022, me consagrará Su sacerdote.

Cada año que pasa, más busco dar mi vida por Dios y los demás, más recibo de Él Su vida, Su alegría y Su Amistad para dársela a muchos. Dice San Pablo, “Para mí la vida es Cristo” (Fl 1, 21) y eso Él me lo va enseñando día con día y, te lo prometo, es una maravilla.

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