“¿Por qué no dejar todo y amar más a Cristo?” Testimonio del P Marcos Salazar, LC

¿Por qué no dejar todo y amar más a Cristo? «No tener miedo a abrirle las puertas a Dios». (Juan Pablo II)

En el pasaje de Emaús, me sorprende el hecho de que Jesús sale al encuentro de los discípulos y, poco a poco, comienza a transformar sus corazones, su vista, sus comentarios. Así es con nosotros, Él nos ha salido al encuentro para que nos dejemos transformar en su presencia. Nos invita a responder al amor que nos tiene.

La llamada al sacerdocio es un regalo inmerecido. Doy gracias a Dios por haberme llamado y por tener la paciencia de esperarme.

Nací en una familia católica, fui prematuro y, con el tiempo, supe que mi mamá me había consagrado a la Virgen María ya que mi salud no era muy estable.

Sólo Dios sabe cuánto he aprendido de mis padres. Siempre han buscado que esté cerca de Dios con su ejemplo de fe y amor a la voluntad de Dios en todo momento.

Desde pequeño crecí con la conciencia de que Dios provee y siempre está ahí para acompañarnos en nuestro camino.  Desde niño me impactó escuchar en casa que en esta vida sólo estamos de paso. Por lo que una de las preguntas que más me surgía era qué pasa después de la muerte. De hecho, mi abuela falleció al dar a luz a mi madre. Esto ha sido algo que me ha marcado mucho (también, la presencia de la Virgen María en la vida de mi madre), yo sentía que no nos podemos quedar solos en este peregrinaje y que, a la vez, el amor de Dios se tenía que manifestar de una manera palpable en nuestras vidas.

Tengo cuatro hermanos, de mis hermanos solo conocí al mayor, de quien he aprendido mucho y a quien admiro tanto. Mis otros dos hermanos partieron a la casa de Padre antes de que yo naciera.  Creo que esto me llevó a buscar una respuesta que me permitiera descubrir cuál era mi misión aquí en la tierra,  pues crecí pensando que mis hermanos habían cumplido su misión.

Desde pequeño me gustaban los deportes y jugaba mucho fútbol, hasta la edad de once años que me dedique a jugar tenis. Mis padres siempre me apoyaron a ser constante en el deporte y en los estudios. Tuve la gracia de participar en la selección de tenis del Estado.  De los once a los dieciocho años participaba los fines de semana en los torneos y entrenaba durante la semana.  Aún recuerdo que antes de cada partido me encomendaba a Dios para poder disfrutar el partido y eso me ayudó a incrementar mi relación con Él ya que sentía que me escuchaba y me acompañaba mientras yo estaba jugando fuera de mi ciudad. A esa edad las preocupaciones que tenía eran mínimas, pero una de ellas era que Dios cuidara de mis seres queridos y de las personas más necesitadas.

En mi casa aprendí que siempre hay que estar dispuesto a ayudar a las personas ya que desde pequeño veía que ahí se impartía catecismo a las personas necesitadas y siempre eran bienvenidas para ser escuchadas. Eso me movió mucho a buscar imitar la formación recibida en casa.

Recuerdo que fui invitado a una jornada de la juventud en París. Fue el momento que pude descubrir un ambiente del ECYD fuera de mi ciudad y darme cuenta que al rededor del mundo existen jóvenes que aman a Cristo y sacerdotes que dan todo lo que tienen para llevar a Cristo a los demás.

La experiencia con Juan Pablo II fue impactante y sus palabras «No tener miedo de abrirle las puertas a Dios» comenzaron a ser un eco en mí. Sucesivamente, con el ECYD y el Regnum Christi, pude ir en otras ocasiones a ver al papa Juan Pablo II en México y Roma. Esto fue fortaleciendo mi deseo de descubrir lo que Dios quería de mí.

Ya en tercero de secundaria me invitaron al Centro Estudiantil en la Ciudad de México y lo primero que me impactó fue la caridad que se vivía entre los miembros. Veía, también, que eran jóvenes normales y que Cristo era su mejor amigo. Esto fue lo que me motivó a entrar al Centro Estudiantil.

En un momento mi padre se enfermó, así que tomé la decisión de estar en casa con mi familia. Por este motivo terminé la preparatoria en el Colegio Cumbres de Aguascalientes y llevé una vida normal con mis amigos, olvidando poco a poco la llamada al sacerdocio.

Terminé la preparatoria y, al comenzar la carrera de Negocios Internacionales y Administración de Empresas en la Universidad, me dediqué a participar en los apostolados de Gente Nueva y Soñar Despierto. Esto fue una gran oportunidad para vivir el carisma del Movimiento Regnum Christi con mis amigos. Aún recuerdo los congresos de Gente nueva y cómo veíamos que la amistad con Cristo y lo que nos gustaba hacer podían ir de la mano. Así mismo, me puse a trabajar y a organizar conciertos de música con mis amigos por el simple hecho de querer conocer artistas y ocuparme en algo. A mediados de la carrera comencé a trabajar en Sony Company, en el área de Mercadotecnia y ahí fui descubriendo que no podía continuar mi vida de joven universitario sin quitarme la duda del sacerdocio. Comencé a ir a misa en la universidad entre semana y a pedirle a Dios Nuestro Señor que me pidiera lo que quisiera, pero que me diera las fuerza para cumplir su voluntad. Se comenzaron abrir oportunidades para estudiar la maestría en España y viajé a Tierra Santa. Comencé a ver que era el momento de tomar una decisión, es decir, si dejaba que Dios tomara las riendas de mi vida o si permitía que mi gusto personal eligiera. Al final, Dios comenzó a poner los medios. Recuerdo perfectamente que llamé a mi mamá para decirle que tenía que tomar la decisión en ese momento porque tenía que confirmar en cualquiera de los dos viajes si contaban conmigo o no. Ese mismo día hubo una persona muy caritativa que me invitó a viajar a Tierra Santa para aclarar mi duda vocacional, encargándose de los gastos. Ese momento para mí ha sido uno de muchos en los que veo que las oraciones de los papás son oro pulido para Dios Nuestro Señor.

Existía dentro de mí la duda de si Dios me quería como sacerdote y no sólo como un empresario más. Me di la oportunidad de vivir el candidatado y aclarar mi vocación. Después de esos meses salí con el deseo de ser legionario de Cristo.


El P. Marcos Salazar, L.C. nació en Aguascalientes, Aguascalientes, el 4 de abril de 1983. Fue alumno del Instituto Cumbres de Aguascalientes. Se incorporó al ECYD en 1º de secundaria y en 1º de preparatoria al Regnum Christi. Fue miembro del Centro Estudiantil. En 2006 ingresó al noviciado de Cornwall, Canadá, donde emitió su primera profesión religiosa. Cursó un año de estudios humanísticos en Cheshire, Ct. Estudió el bachillerato en filosofía en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma. Trabajó tres años como instructor de formación de preparatoria en el Instituto Irlandés de Monterrey y fue miembro del equipo auxiliar de la sección de jóvenes. Regresó a Roma en el 2014 para realizar sus estudios de teología. El 9 de julio de 2016 emitió la profesión perpetua y Actualmente colabora como promotor vocacional en el norte del país de México.
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